CRÓNICA – HELLORICE + LOS NASTYS + KINGS OF THE BEACH / LA IGUANA CLUB (VIGO)

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Una noche, tres bandas y una sala

La espera se nos hizo larga hasta que llegó la hora de entrar en La Iguana para dar comienzo a las tres horas de música que nos quedaban por delante, encabezadas e inauguradas por la banda Hellorice (Santiago de Compostela).

El cuarteto, con Jacobo Varela como voz cantante, extendió por toda la sala su psicodélico talento. Durante la actuación, sonaron temas como ​Falling​ ​man o ​Babilonia, incluidas en su último trabajo ​Rhin, e incluso ​Wichita​ y otra canción que todavía carece de nombre debido a que aún no han sido grabadas. Hubo contraste entre los ritmos y melodías de esta primera banda y las dos siguientes, pero fue un toque de diferencia que se disfrutó y gustó a los que nos encontrábamos allí presentes.

Llegaba el turno de Los Nastys, los pogos, los saltos y un público impaciente por ver a los de Madrid. A principios del pasado y nostálgicamente ya algo lejano 2016, la banda madrileña lanzaba a las calles su disco debut​ Noche de fantasmas con Los Nastys,
​ con el cual han llegado a actuar en salas de toda la geografía española, sus alrededores y países como Brasil, Chile, Colombia o Argentina. Y Vigo no iba a ser menos. Tras la cancelación y aplazamiento de los conciertos previstos junto a Hellorice y Kings of the Beach en Noviembre a causa de una lesión, había llegado la hora de dar la guerra que no se había dado en su momento por aquí, pero x1000.

Allí nadie se quedó sin ser partícipe del desparpajo y la energía que desde el escenario transmitían Luis Basilio y los suyos en cada una de las canciones que interpretaron. Era toda una aventura de valientes intentar cruzar la sala de un extremo a otro sin acabar metido en medio del gran grupo de gente que se formó en el epicentro del lugar. Puede que asustara por la idea de salir con algún moratón en brazos o piernas, pero la verdad es que, si somos sinceros, mentiríamos un poquito si decimos que no era tentador el panorama que se nos presentaba.
Al grito de ​No hay amor​ comenzaban a hacer sonar las guitarras, bajo y batería y a su vez el público a corear las canciones una detrás de otra, de manera encadenada, y su particular bailoteo. Sin lugar a dudas, no hubo casi momento de descanso, aunque nadie parecía tampoco querer tenerlo, al contrario, se respiraba un ambiente que decía por sí solo “Vosotros darnos música, nosotros seguiremos hasta el amanecer y más allá”. Hicieron un recorrido sin rumbo fijo por todos sus trabajos; Recordando aquel ​Fumar, beber y romper, Madrid es un cementerio,
​ con la que todo se vino arriba, o ​He visto a Dios, que sirvió para rematar la actuación y para que más de uno se animara a subir al escenario con la banda. Para repetir.

Kings of the Beach jugaban en casa. Ya habían actuado antes en numerosas ocasiones en La Iguana, por lo que conocían el terreno y lo que se iban a encontrar.

Entre amigos, conocidos y gente dispuesta a conocer y experimentar lo que nos traían los vigueses, rompió la música y el grupo que formaba el pogo del concierto anterior, se animó con ellos también sin pensárselo dos veces. Todos al centro, bien posicionados justo delante del escenario, e incluso con margen a llegar a subirse a él, y a saltar. Dudo mucho que hubiera alguien allí que no se supiera por lo menos una de sus canciones, y más viendo el entusiasmo y el buenrollismo que se palpaba en el aire. Temas como ​Nasty Beach, Jumanji
​ o ​Wasted Young sonaron durante su enérgica actuación. Cuando todo parecía haber terminado, no, no, no había terminado. Colocaron las guitarras pero algún rezagado se percató del asunto, no nos engañaban. Faltaba la guinda del pastel a una fantástica noche, faltaba ​Surfin
​ y su característico “La la la la la”, que quien la conozca entenderá.

No dudamos que lo sean de la playa, pero aquella noche sí fueron de alguna manera los reyes de la sala

Fotografía & Crónica: María Pol

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Crónicas
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