CRÓNICA – FESTIVAL FESTIVERN “XIII EDICIÓN” (TAVERNES DE LA VALLDIGNA – VALENCIA)

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Nochevieja, la motivación por que el año que llega sea mejor que el anterior y las ganas de juerga van cada año cogidas de la mano. Cuando llega diciembre, la pregunta de qué narices vamos a hacer esa noche mágica retumba en nuestras cabezas y se convierte en trending topic en los grupos de WhatsApp de nuestrxs amigxs. Aunque lo cierto es que conforme vamos creciendo la opción de salir de fiesta a los bares de siempre, pero pagando siete veces más que de costumbre va perdiendo emoción y, cuando parecía que Nochevieja se iba a convertir en una cena familiar más… se disfraza de festival, te rodea de gente desconocida fascinante y te atrapa no sólo durante una noche, sino a lo largo de tres días.

El Festivern, que ya es la tradición de muchas personas para poner punto final al año, arrancó su 13ª edición el pasado 29 de diciembre en Tavernes de la Valldigna. La clave de este festival es, sin duda, que está perfectamente acoplado al pueblo. Y es que, después de haber vivido unos cuantos festivales más, terminas agradeciendo (y mucho) tener la posibilidad de comer en condiciones en cualquiera de los bares de la localidad, a precios normales y sin tener que andar ni un solo kilómetro. No es la primera vez que hablamos de los cafés y las tostadas de por la mañana… pero es que tener kebabs, hamburguesas y todo tipo de bocadillos al alcance de la mano en todo momento… eso sí es felicidad.
El festival sacó la bandera en contra del sexismo y la lgtbifobia y Tavernes se cubrió de morado desde por la mañana, con actividades como la de la Casa de la Cultura de concienciación contra la violencia machista y a favor de la igualdad, o con el taller de rap por la igualdad que organizó el mismo Ayuntamiento de Tavernes. No obstante, fue a las 17:30 horas cuando se abrió la puerta y dio el pistoletazo de salida con los primeros conciertos: Reacciò, Maldats y Charly Efe.

Muchos advertían del frío polar que acontecería, pero todos ellos se equivocaron. El tiempo fue increíble, pese a ser pleno invierno, y era incluso placentero ocupar los puestos de la acampada, cerveza fría en mano. Y aunque los altavoces todavía tenían la batería llena y quedaba bebida suficiente, el cuerpo empezaba a pedir juerga. Y qué mejor que atender a las necesidades biológicas de jarana que yendo al conciertazo que nos ofreció Prozak Soup. El grupo, con la colaboración en un par de canciones de una deslumbrante Alexandra Blanquer, hicieron de este arranque del festival un auténtico show con el que la gente no pudo mantener los pies quietos ni un solo segundo. A continuación, los chicos de Vadebo no permitieron que el público recuperara el aliento y saltaron al escenario con una energía arrolladora, dejándonos, además, con muchísimas ganas de escuchar el nuevo disco que está a punto de salir del horno. Finalmente, Bacora y Ràdio Rude ponían fin a la inauguración del que sólo era el principio del final del 2017.

El sábado 30, desde bien temprano, nuevxs festiverners y festiverneres traían a la acampada su buenrollismo, su energía y sus ganas contagiosas de pasarlo bien. La fiesta este día comenzó bien pronto: a las 12:30 horas, La Trocamba Matanusca se convertía en el nuevo canto de sirena que, en forma de charanga en las calles de Tavernes, atraía tras ellos cada vez a más y más personas. Fue a las 15:30 horas cuando se abrió la carpa de los conciertos con Sense Sal y Ezetaerre.

La tarde se iba animando conforme pasaban las horas, pero el primer lleno lo conseguía Sons of Aguirre. WillyLET y MC Endesa, con Msias en la mesa de mezclas, subieron al escenario sus parodias y satíricas críticas a la política y la sociedad actual. Este sería una de las últimas puestas en escena del grupo en las que su rap es el único protagonista, ya que a partir de abril la banda se unirá a los instrumentos de Scila.
Ya pasada la medianoche llegaba un esperadísimo Xavi Sarrià, quien no defraudó al público con sus nuevos temas del recién estrenado álbum en solitario Amb l’esperança entre les dents (PPF!, 2017), pero que tampoco permitió que se echase de menos a Obrint Pas. Tras él tocaba ese grupo al que no se le pone falta en ninguna fiesta: Boikot. Los pogos y la energía desbordante se sentía desde las primeras filas y alcanzaba las últimas. Más tarde, la banda gallega Dakidarría volvió a estar presente en Valencia para no dejar que la temperatura del último sábado del año bajase. Gertrudis y Mash Masters DJ fueron los encargados de apagar la última vela de la noche.

Y llegó el 31. El último día del año. El último domingo, que seguía sabiendo a sábado. Juro que no vi ni una sola cara de cansancio en todo Tavernes de la Valldigna: Nochevieja estaba ya allí. Por la mañana, el concurso de paellas al más puro estilo valenciano atrajo a los más hambrientos a la plaza del Ayuntamiento, y se alargó hasta la tarde. Perfecto para pasar de la paella más rica a los conciertos más esperados… porque ese domingo era el día de los ¡conciertazos!.

A las 16:15 horas se abrieron las puertas del recinto de los conciertos en el que, más adelante, no cabría ni un solo alfiler más. El Diluvi y Tardor dieron las primeras notas, a quienes les siguieron Frida y la gran Tesa, convirtiéndose en un preludio a lo grande de lo que esperaba esa noche a los festiverners y las festiverneres. El grupo de ska navarro Vendetta y sus míticas canciones, como la de Botella de Ron, se encargaron de hacer fugaz la espera al nuevo año.

Si bien, he de reconocer que el público cayó rendido a los pies de Smoking Souls. El grupo, que compuso hace dos años la canción de la edición 15/16 del festival, presentó en Tavernes su nuevo álbum Cendra i or (PPF!, 2017) e hicieron de su espectáculo uno de los conciertos favoritos de los asistentes. Cuando terminaron el show había el tiempo justo para salir a por las uvas, cenar lo primero que pillases (un perrito caliente y una hamburguesa de un puesto ambulante fue el festín que nos pegamos el equipo de Buena Calle) y regresar a la carpa antes de las 12 en punto. ¡Cenicienta no consiguió hacerlo tan rápido!.

Cuando dieron las 23:55 horas, subieron al escenario lxs ganadorxs de diferentes concursos musicales del Festivern, junto a Tesa, Natalia y Mireia de Pupil·les y Arnau de Ebri Knight, que fueron las encargadas de darle voz a La cançó de l’hivern¸ el himno de la edición 17/18 del festival. En el último minuto sonaban las notas finales del tema y salía en pantalla el vídeo, a modo de cuartos, que el festival había preparado. Y casi sin darnos cuenta… ¡1, 2, 3…! Así hasta terminar con las 12 uvas o cualquier cosa que tuvieses a mano (vía libre a la imaginación).

Tras las uvas, el ejercito de fans de Txarango y Zoo ocupaban los mejores sitios de la carpa, y es que fueron, sin lugar a dudas, dos de los conciertos más esperados, cuyas canciones sonaban durante todo el día y a todas horas en los altavoces de la gente acampada. Txarango no defraudó y arrancó 2018 con el maravilloso espectáculo con la que ya nos tienen acostumbradas. Los bailes en temas míticos como Music de carrer o Una lluna a l’aigua y los mecheros en otros como Quan tot s’enlaira o Compta amb mi no dieron tregua a un público entregadísimo que entonaba a unísono nota tras nota. Instantes después, Zoo se metió a todo el público en el bolsillo. Cosa que no sorprende tras ver el derroche de energía en cada show. Poco importaba cuanto doliera la garganta de corear canción tras canción, ya que, desde las luces hasta el trabajo instrumental del grupo y pasando por los reivindicativos versos de los vocalistas, hicieron del espectáculo, magia.

Pero el recinto no se vació hasta el último momento. Ebri Knight y Pupil·les volvían a subir al escenario para hacer disfrutar al público de una Nochevieja inolvidable. Los últimos conciertos dieron el empujón que necesitaba la noche para continuar la fiesta y demostraron que daba igual que fueran las 5 de la madrugada, que todavía quedaba ánimo para rato. Se notaba en el ambiente caldeado de la carpa blanca que caracteriza al festival (sé de una que eran las 6 de la mañana y llevaba manga corta, ¡para que luego digan del frío!).

Plan B fue el DJ anfitrión encargado de cerrar la noche y el festival entero. Poco después de que terminase de pinchar, los primeros rayos de sol del 2018 asomaron entre los edificios de Tavernes de Valldigna. Gran final para un festival que ha dejado el listón bastante alto para todo lo que todavía queda de año.

 

Redactora: Ángela Martínez

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