ZAHARA “CICLO ESCENARIOS MAHOU” UN CONCIERTO ESPACIAL Y ESPECIAL

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“Ground control to Major Tom”. Pasan unos minutos de las 21:30 del jueves 7 de marzo y David Bowie prepara a la Sala Matesta para la odisea espacial. Iniciamos el viaje. La tripulación sube al escenario: Carlos Sosa en la batería, Pablo Pérez al bajo, Manuel Cabezalí con la
guitarra y Martí Perarnau en los teclados. Y con ellos, la comandante de la misión: Zahara.

Con las sonrisas de bienvenida aún en sus caras (y en las nuestras), empiezan a sonar los primeros acordes de David Duchovny. El público se pone a bailar y se sube a la nave de la astronauta ubetense. Para cuando nos damos cuenta, todos los allí presentes hemos entrado en órbita y vagamos por los temas de Astronauta y de sus álbumes anteriores.

Después de tres canciones, Zahara agradece al público poder estar tocando con su banda: “es lo que me hace feliz, gracias por dejarme hacerlo”. Y, es fácil comprobar que la felicidad no está solamente en el escenario, sino también abajo: en los aplausos y en ese sentirse en casa en medio del abismo espacial.

El concierto sigue avanzando y llega uno de los momentos más emotivos de la noche: Big Bang . Manuel Cabezalí abandona los coros para empezar con la voz principal de este tema del nuevo disco. La fuerza del Big Bang emana ahora del escenario de la Sala Malatesta, donde las
armonías, las letras y las miradas de complicidad y admiración brindan unos minutos mágicos para los presentes. Otro dúo de la noche fue Guerra y Paz , esta vez con Perarnau. Durante todo el concierto el músico fue muestra de motivación y goce en cada uno de los temas, pero
esta vez nos regaló parte de su energía encapsulada en un instante de calma.

Durante el concierto, todos los integrantes de la banda fueron alegría y fuerza, transmitiendo su forma de vivir las canciones al público. Hasta que en un punto de la segunda mitad de la noche, la tripulación abandonó el escenario, creando un momento íntimo con Zahara. Y, así, en  este espacio interior, la cantante se descubrió absolutamente humana.

Zahara podría ser una amiga con la que te pones al día en un café, con nosotros fue en el Café Verbena. Nos llevó a Jaraba y en medio de las carcajadas, coreamos su canción, ahora cómplices de la historia. La cantante también escogió este momento para deleitarnos con un
Con las ganas que nos emocionó. Allí donde el público había cantado todas sus canciones, reinaba entonces un mutismo total. Y en el infinito silencio del vacío espacial, Zahara exhalaba un hilo de emoción que inundó el abismo de cada uno. Fuimos los “gatos insomnes”, las lágrimas y el caluroso aplauso del final, después de un proceso emocional increíble.

Y así como en los viajes espaciales se pierde la noción del tiempo, lo mismo sucedió aquella noche. Las casi dos horas de concierto parecieron durar unos escasos cinco minutos. Y, a la vez, cada instante quedó eternamente marcado en la memoria de todos los que vivimos ese
momento. Durante la noche lloramos, reímos, cantamos, escuchamos y bailamos. Pero sobre todo, sentimos. El concierto fue un viaje al exterior, pero también al interior. Solo queda decir que, sea en medio del espacio o en la Sala Malatesta, nosotros queremos quedarnos con
Zahara a vivir. Tres, dos, uno, cero.

 

Fotógrafa: Laura Soutullo Garcia

Redactora: Lucia Ramiro Taboada

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Crónicas
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